martes, 30 de noviembre de 2010

Charla gratuíta: Ansiedad, cómo llegar a comprenderla y qué hay detrás de ella

 
ANSIEDAD.- Se dice que vivimos en la era de la ansiedad. Nuestro estilo de vida competitivo y acelerado influye en la masiva aparición de trastornos relacionados con el estrés y la angustia. Son señales de aviso para la persona.
Todos reconocemos la sensación de excitación y nerviosismo que acompaña a la ansiedad. Aunque puede ser provocada por múltiples motivos, cada persona la siente de una manera diferente: con un nudo en el estómago, taquicardias, agitación, opresión en el pecho, confusión... La ansiedad nace del miedo y la percibimos cuando creemos que nuestro bienestar está amenazado.
Cuando un peligro es real e inminente no hay espacio para pensar, pues la mente necesita tiempo. El miedo produce entonces una respuesta rápida e instintiva de lucha o huida. Pero en la ansiedad ocurre precisamente lo contrario: el pensamiento, la capacidad de la mente de anticipar, es lo que genera el temor. La amenaza, por lo tanto, no siempre es real, pero igualmente provoca un estado de alerta en el organismo que lo prepara para la acción. Si no se lleva a cabo tal acción la tensión se acumula y origina síntomas de ansiedad.
Cuando podemos identificar la fuente de la inquietud y la resolvemos con una acción adecuada la ansiedad puede ser un impulso de motivación y aprendizaje. Pero se convierte en un problema si aparece de forma exagerada o paraliza a la persona. Así, por ejemplo, estar moderadamente nervioso ante un examen ayuda a realizarlo mejor, mientras que un nerviosismo excesivo puede bloquearnos.
 
El miedo, las preocupaciones, la autoexigencia desmesurada y los dilemas que se gestan en el interior de la persona suelen ser la causa de un nivel de ansiedad exagerado. Detrás de muchos problemas psicológicos existe un problema de angustia. Las conductas adictivas de todo tipo son formas insanas de descargar la ansiedad acumulada, mientras que las obsesiones, fobias y compulsiones son trastornos que se generan alrededor de un núcleo de personalidad ansiosa.
De la misma forma, dolencias como el asma, la hipertensión, los problemas cutáneos y un largo etcétera se ven agravados cuando la persona está especialmente ansiosa. Mantenerse en un estado de tensión continua afecta el funcionamiento de todo el organismo, que suele agrietarse por algún lado con un síntoma.
 
CULTURA DE LA ANSIEDAD
 
La ansiedad aparece a menudo como una señal de alarma que indica que se está llegando a un límite, que la persona está sobrecargada. En nuestra cultura la pasión por tener cada vez más cosas nos lleva a querer «hacer» por encima de «ser». Y esto provoca muchas veces una saturación de actividades que deja poco tiempo para uno mismo. Incluso hay personas que temen más a la sensación de calma que a la excitación constante. Se convierten de esta forma en adictas a la ansiedad y a la adrenalina, y buscan maneras de mantenerse en este estado. Descansar poco, tomar excitantes o la necesidad de realizar continuamente cosas estimulantes expresan el gusto por ese plus de energía que aporta una ansiedad moderada. Sin embargo, esta actitud evidencia en muchos casos que la persona huye de sí misma. Al estar a solas o al cesar la actividad emergen los pensamientos y decisiones que se van postergando. Otras veces la ansiedad está generada por un conflicto interno que no llega a resolverse. Uno puede sentirse dividido entre lo que siente su corazón y lo que opina su cabeza sin encontrar salida. La ansiedad en tal caso disminuye cuando se toma plena conciencia del conflicto y se consigue tomar una decisión para salir de la inmovilidad de la duda.
 
HUIR DEL MIEDO
Las dos principales soluciones que se emprenden ante el miedo son la evitación y el control. En los ataques de pánico la persona experimenta un pico de ansiedad. El episodio deja como secuela el temor a que se vuelva a repetir y la persona se protege de esa sensación de indefensión evitando situaciones o lugares, buscando compañía u observando continuamente las reacciones de su cuerpo. Estas conductas, sin embargo, acrecientan y dan más poder al miedo y, curiosamente, favorecen que suceda lo que tanto se teme. Así, quien escucha el latido de su corazón temiendo que se altere aumenta su riesgo a sufrir taquicardias. En muchos casos detrás de la ansiedad está el miedo a la muerte y a la imprevisibilidad de la existencia. Y esto lleva a la persona a no poder entregarse con confianza a la vida. Su actitud se vuelve rígida, excesivamente cautelosa y tiende a acomodarse en lo conocido para no arriesgar. De esta forma la persona limita sus experiencias y crea su propia prisión.
 
ATREVERSE A EXISTIR
Etimológicamente, preocupación implica ocuparse de algo antes de que suceda. Esa es la base de la ansiedad: sufrir por lo que puede ocurrir o temer una situación que fue amenazadora pero que ya no lo es. En ambos casos la mente no está en el presente, sino anclada en el pasado o anticipándose al futuro. Y de esta manera se pierde la capacidad de disfrutar lo que se vive al momento, pues se está demasiado ocupado para ello. En cuanto llega la inquietud en lugar de contenerla, evitarla o evadirse de ella podemos mirarla cara a cara. Conocer qué nos provoca ansiedad, qué intentamos eludir o qué cambio necesitamos nos dará pistas para saber qué es lo que tenemos que hacer, aunque nos cause miedo. Cuando se afronta lo que produce temor uno se da cuenta de que era peor su terrible imaginación que la realidad.
 
TRASTORNOS RELACIONADOS CON LA ANSIEDAD y QUÉ NOS DICE AYURVEDA
 
Charla gratuíta el domingo 12 de diciembre
Duración: dos horas
Lugar: Sede de la Asociación
Fecha límite de inscripción: Viernes 10 de diciembre




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